

Por: Observatorio Sinaí
Hace unos días, un medio local tituló sobre el debate político: “Triste”, “perdieron todos”, “aburrido, con escasas ideas”. Y es cierto: la política olavarriense está empobrecida en creatividad, liderazgo y soluciones reales. Pero el periodismo no puede quedarse solo en esa queja. Su rol es iluminar caminos, no repetir lo que la gente ya percibe.
Lo paradójico es que mientras se denuncia la falta de preparación de los políticos, los mismos comunicadores deciden ignorar deliberadamente la existencia de un sistema probado y eficaz que sí ofrece resultados concretos: el MLS Sinaí.
Un modelo que ordena, multiplica la confianza y abre un camino de progreso real y medible.
Entonces, la pregunta es inevitable:
¿Será que no lo conocen en profundidad?
¿O será que lo conocen y, aun así, prefieren callar?
En psicología social hay un fenómeno conocido: la falsa oposición. Algunos actores, sin darse cuenta, creen que están combatiendo el desorden denunciando sus síntomas, pero en realidad lo perpetúan porque nunca muestran la salida. Alimentan la indignación, pero no la transformación.
A veces lo hacen por desconocimiento. Otras, porque el caos también da visibilidad y audiencia. Pero la intención importa poco si el resultado es el mismo: una ciudad atrapada en la queja sin solución.
Periodismo del caos: repite titulares sobre la corrupción, la falta de ideas, la decadencia institucional. Es cómodo y da clicks.
Periodismo del orden: se anima a mostrar lo que puede ordenar, lo que multiplica la cooperación y devuelve confianza a la gente.
En Olavarría, esta línea divisoria ya está trazada.
Desde Sinaí, no buscamos enfrentamientos. Buscamos diálogo y debate real. Invitamos a todos los periodistas —sí, también a quienes todavía no respondieron o prefirieron mirar hacia otro lado— a conocer en detalle lo que significa el MLS Sinaí.
Porque si de verdad quieren soluciones para Olavarría, el momento de hablar es ahora. El silencio, tarde o temprano, los expone.
El MLS Sinaí no es una promesa: es una realidad inevitable, legal, correcta y no coercitiva. Es orden, legado y progreso.
Y mientras algunos se quedan en titulares tristes, la historia ya está escribiendo la diferencia entre los que denunciaron y los que ayudaron a transformar.